sábado, 12 de mayo de 2007

Los zapatos verdes

Más allá de tus zapatos verdes, no recuerdo mucho más del día que te vi por primera vez. Entre tanta gente y tanto ruido, esos destellos lejanos de verde despertaron en mí impulsos inexplicables de darles cacería, pero me contuve. Y estaba saliendo del cine cuando los vi de nuevo, como un rayo en la oscuridad.

Los vi con cara de "creo que te recuerdo de algún lado" y me sorprendió que de tu boca salieran exactamente esas palabras. Paseamos un rato, subimos escaleras, compramos pequeñeces y apenas te perdí de vista, disfruté estrenando tu número enviando ese "¿viste? te dije que sí te iba a escribir"... no fue hasta llegar a la casa que me di cuenta de que no recordaba tu cara. La siguiente vez me bastó con buscar las estelas verdes entre las piernas de la multitud y con extenderte mi mano y regalarte mis oídos y mis palabras para entender que tu cara era cada vez menos importante. Cuando íbamos a lugares privados era más fácil, porque había menos posibilidad de confusión y cuando nos besamos lo hice con los ojos cerrados porque así es como se besan los amantes verdaderos.

Me dije que ya no hacía falta que viera tu cara, porque me había logrado enamorar de ti sin hacerlo. Podía verte a los ojos, susurrarte al oído, arreglarte el cabello y aún así jamás ver tu rostro... y aún así saber que eras hermosa. Supe que por fin entendiste lo que pasaba cuando un día al encontrar tus ojos me conseguí con mi misma mirada... era casi poético como podíamos tocarnos sin vernos, como podíamos sentirnos y amarnos y tenernos el uno al otro sin importarnos nada más que lo que en realidad éramos.

El mejor recuerdo que tengo de tus zapatos verdes fue cuando te los quité por primera vez. Deshice las trenzas a la vez que recorría en retroceso todos los recuerdos de rayos verdes en mi mente. Los vi subiendo al autobús, los vi bajando escaleras de espaldas, te oí preguntarme si no me recordabas y luego me oí a mí pensando lo mismo mientras reconocía ese destello verde en la oscuridad del cine. Pero luego tuve el verde en mis manos y lo dejé caer. La primera vez que dejaba caer los zapatos verdes. La primera vez que retrocedía en mis recuerdos. La primera vez que fuimos uno.

Para ese entonces ya ni siquiera se nos pasaba por la mente la idea de vernos a las caras.

Para mí siempre fuiste la mujer más hermosa del planeta. De todas las caras que vi, de todas las mujeres que me crucé en la vida, siempre supe que ninguna era tan bella como tú. Era casi poético como podíamos tocarnos sin vernos. Vi los zapatos entre el ruido. Los vi en el cine. Bajando del autobús. Subiendo las escaleras. Deshice tus trenzas y reviví el mejor recuerdo de tus zapatos verdes. Los tomé esa mañana de la cama, donde los habías dejado, y supe que ese sería el peor. Sabías que si no los dejabas para mí, no hubiera sido capaz de recordarte.

Pero también sabías que si los llevabas contigo, hubiera podido volver a encontrarte.